Recibiste felicidad, y Lázaro recibió desgracia.

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CLIQUER SUR LA LANGUE DESIREE

«Pobres o ricos, abramos nuestros corazones para prepararnos para el encuentro con Dios. Veremos el triunfo del amor sobre la muerte».

Lecturas: Vigésimo sexto Domingo Tiempo Ordinario

Hermanos y hermanas,

Amado por Dios, Con la historia del pobre Lázaro, nos encontramos directamente inmersos en la vida después de la muerte con un cambio de situación: el que se llenó durante su vida en la tierra se encuentra en el infierno; el que era infeliz en este mundo se encuentra en el Paraíso. Por supuesto, esta historia que Jesús nos cuenta nos invita a preguntarnos acerca de cómo vivimos nuestra vida presente.

Entonces, echemos un vistazo más de cerca a la actitud de los malos ricos. Tres características me parecen importantes para repetir. En primer lugar, tiene un corazón cerrado; un corazón cerrado a Dios y cerrado a los demás, y por supuesto al pobre Lázaro que yace delante de su casa. Aquí encontramos un peligro mencionado a menudo en Jesús. El peligro de la riqueza. La abundancia de riquezas que nos da la ilusión de ser cumplidos y, por tanto, también corre el riesgo de cerrar nuestros corazones a Dios. Es bien sabido que aquellos que viven en necesidad más naturalmente tienen un corazón abierto a Dios, mientras que aquellos que viven en opulencia tienen más dificultades para reconocer que necesitan a Dios.

¿Por qué podemos decir que los ricos no tienen un corazón abierto a Dios? simplemente porque no se prepara para su encuentro con Dios. Vive y disfruta de la vida, pero no piensa en ello como resultado. Y esta es la segunda característica que repito: él está y permanece apegado a todas sus posesiones. Muy apegado. No se está preparando para dejarlos. Y, por tanto, no se prepara para su muerte; no se prepara para su encuentro con Dios.

Normalmente, al final de su vida, al acercarnos al encuentro decisivo con Dios, el ser humano tiende a separarse gradualmente de sus posesiones, a veces incluso de las suyas. Esto es parte de una maduración normal para el encuentro con Dios. He aquí, pues, que el rico es encarcelado por el rico, porque no está dispuesto a hacerlo. Ahora, pobre o rico, uno debe prepararse para el encuentro con Dios.

Tercera característica: nuestros pobres ricos se reproducen en la vida eterna de la manera que tuvo en la vida terrenal. Es decir, durante su vida terrenal no consideró a Dios y tomó a Lázaro como perro; y en la vida eterna reproduce lo mismo, dando órdenes a Abraham y Lázaro: «Abraham, Padre mío, ten misericordia de mí y envía a Lázaro a sumergir su dedo en el agua, a refrescar mi lengua, porque soplo terriblemente en Y más, «Bueno, Padre, te ruego que envíes a Lázaro a la casa de mi Padre.» Y la vida eterna no es pensar en el camino de la vida terrenal, y nuestras relaciones en la vida eterna no serán del mismo tipo que las de la vida terrenal.

Esto, me parece, queridos hermanos y hermanas, es lo que podemos decir de los pobres ricos que nos advierten sobre nuestro modo de vivir: ¿vivimos con un corazón abierto a Dios y a los demás? ¿Qué apego tenemos a los bienes de este mundo? ¿Cómo vemos nuestras relaciones en la vida eterna?

Bien, hermanos y hermanas, aprovechemos el tema abordado por estos textos para examinar más de cerca la cuestión del prójimo y de los pobres, la cuestión del encuentro con Dios y la cuestión de la vida después de la muerte.

El Evangelio del día nos expone dos tipos de destino: el cielo para el pobre Lázaro o el infierno para los ricos. Les señalo de paso que otras palabras de Jesús establecen este doble destino: tenemos, por ejemplo, la Palabra dirigida al buen Larron: «Amén, os lo declaro; hoy estaréis conmigo en el Paraíso». Esta retribución se basará en el amor que hemos implementado en nuestras vidas o que no hemos implementado.

El segundo juicio al que se refiere es el que se llama el Juicio Final, que sólo seguirá la resurrección de todos los muertos. Todos se levantarán; algunos para la vida eterna; otros para la muerte eterna. En este juicio final, la verdad de todas nuestras relaciones con Dios y con los demás estará desnuda. En este juicio final, todo aparecerá a la luz: los maravillosos designios de la Providencia, las realidades ocultas de la creación. La justicia de Dios que sana y triunfa brillará en toda criatura y destruirá la injusticia. Veremos el triunfo del amor sobre la muerte.

Que estos textos que meditamos este domingo abran nuestros corazones a la conversión, a la misericordia. La perfección de la vida cristiana se juega en la caridad y el amor que ponemos en nuestras vidas. Vivamos plenamente el tiempo presente como un tiempo abierto a la gracia y a la conversión. Amén

Rodrigue Chabi

Homilía

Orgu:En el Gran Órgano, Guy Didier

Entrada: «Fantasía y fuga» en «Ad nos as salutarem undam» (F.Liszt)

Offertoire: Extracto coral N°1 (C. Franck)

Comunión: «Fugue en Ré» (F. Mendelssohn)

Lanzamiento: «Gótico Menuet» (L. Boëllmann)

En wikipedia:

Franz Liszt

César Franck

Félix Mendellssohn

Leo Boelmann

Las otras homilías del Padre Rodrigue Chabi

Lea también: EL FIP de la semana

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