Santísima Trinidad: Todavía tengo mucho que decirte

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“Jesús toma la condición del hombre y del Hijo para revelar a los hombres el amor y el rostro del Padre”

Lecturas: Santísima Trinidad

Fiesta de la Santísima Trinidad

Amados por Dios, hoy celebramos la Fiesta de la Santísima Trinidad. Es el misterio de un solo Dios en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un Dios que es trillado en las personas y Uno en esencia; un Dios lleno de amor. Es este amor infinito de Dios que recordamos cada vez que firmamos la cruz y cuando usamos una doxología: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. Nuestras palabras son muy incapaces de entender este misterio de Dios porque va más allá de nosotros infinitamente. Para presentar esta fiesta de la Trinidad, pensemos en una luz radiante que ilumina y deslumbra al mismo tiempo. La Trinidad es un poco como una luz radiante, capaz de iluminar y deslumbrar al mismo tiempo. La luz, de hecho, hace que las cosas existan arrancándolas de la oscuridad. El que vive a la luz del día se baña en un ambiente natural y familiar que le permite moverse; pero cuando levanta la mirada hacia el sol para arreglarlo, queda inmediatamente deslumbrado. Así es el caso de la Trinidad: sin ella, la fe cristiana desaparece; y cuando tratamos de acomodarla en sí misma, estamos cegados. Y, sin embargo, toda nuestra vida cristiana se desarrolla bajo el signo de la Santísima Trinidad: es en ella y a través de ella que somos creados y salvos; es en ella que somos bautizados y todavía nos movemos hacia ella.

Así, toda la Biblia da testimonio de este esfuerzo constante por hablar, conocer y amar a Dios como Padre Hijo y Espíritu Santo. La figura de la Sabiduría en el libro de proverbios (primera lectura) sugiere que Dios quiere darse a conocer a nosotros. Su sabiduría se presenta como asegurar la conexión entre el cielo y la tierra. Esta es una manera de decir que el Señor se comunica con nosotros para nuestra felicidad. Siempre es posible hablar de Dios como Padre porque él entra en un pacto con nosotros para salvarnos. La primera lectura nos invita a admirar la belleza de la obra de Dios Padre nuestro en cada una de nuestras vidas. Podemos ver en él los signos de su amor por nosotros y dar testimonio de ello amando para bien a todos los que nos rodean.

En su carta a los romanos (segunda lectura) san Pablo nos dice precisamente que lo más impresionante de Dios es su voluntad de salvarnos. Por eso se convierte en hombre en Jesucristo; toma la condición del hombre y del Hijo para revelar a los hombres el amor y el rostro del Padre. Cuando estamos seguros de que somos amados, nos sentimos seguros; es como una fuerza que nos impulsa a avanzar. Nosotros, los cristianos, estamos seguros de ser amados por Dios con un amor salvador. Esta buena noticia es una fuente de paz y seguridad para nosotros. Incluso en las situaciones más desesperadas, nada debe sacudir nuestra fe. “Estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos”, dice Jesús. Esta certeza no se basa en palabras, sino en gestos de amor hacia nosotros. Cristo se ha entregado a sí mismo para darnos acceso al corazón de Dios. El mismo Cristo nunca deja de llamar a nuestra puerta todos los días para llenarnos de Su amor dándonos Su Espíritu Santo.

El Evangelio enfatiza fuertemente a la tercera persona de la Santísima Trinidad. San Juan nos dice: Sólo el Espíritu Santo puede hacernos comprender y vivir en profundidad el amor que vive la Trinidad. Los apóstoles mismos lo descubrieron sólo muy poco a poco. Inicialmente, vieron en Jesús sólo un profeta, un maestro de religión. Entonces vieron en él al Mesías, y finalmente al Hijo de Dios. Él se reveló a sí mismo a ellos como un salvador, uno que quiere llevar a la humanidad al Reino de su Padre. Así que este es un acercamiento muy limitado al misterio de la Santísima Trinidad. Yo diría que es un poco como las vidrieras de un santuario: vistas desde el exterior, son muy grises. Para ver su deslumbrante luz, tienes que entrar, tienes que pasar por la puerta. Es entonces cuando descubrimos la maravilla. Así es como Dios nos revela las maravillas de Su amor. Él abre la puerta de su corazón para compartirlos con nosotros desde dentro. Pero nada es posible si no nos sumergimos en este océano de amor.

Eso es lo que tenemos que testificar hoy. Que Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo nos llamen a todos a amar incondicionalmente y a vivir en esta comunión de amor.

Homilías:

Chabi Rodrigue

Homilía

Órgano: En el gran órgano, Guy Didier

- Entrada: Fantasía y fuga en Sol menor (J.S. Bach)

- Offertory: Fantasía y fuga en F mayor (J.S. Bach) “Los pequeños preludios y fuga”

- Comunión: “Adagio” del Toccata Adagio y Fuga en Ut (J.S. Bach)

- Lanzamiento: 1er movimiento de la 1ª Sonata (A. Guilmant)

En wikipedia:

Juan Sebastián Bach

Alexander Guilmant

Las otras homilías del Padre Rodrigue Chabi

Lea también: EL FIP de la semana

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